lunes, 18 de abril de 2016

Y nos fuimos de boda...

El lunes pasado, el driver de Mikel, Loguesh, se casó y nos invitó a su boda. Dividieron el bodorrio en dos: a la mañana la ceremonia religiosa, que empezó a las 7.30am, y la celebración propiamente dicha a la tarde, que ponía que era a las 6pm. A la parte de la mañana nos fue imposible ir por lo evidente: Mikel tenía que trabajar y yo tenía que llevar a las niñas al colegio. Pero a lo que sí fuimos fue a la noche a la otra parte.

La celebración empezaba según la invitación a las 6pm, pero ya nos dijo Dorothy, la amiga que me dejó todo el atuendo, que de ser así no fuésemos hasta las 6.45 o 7pm. Y así lo hicimos. Tras prepararnos en casa, bueno, qué digo prepararnos...prepararme, que aquí los hombres van a las bodas de aquella manera, fuimos para allá...Pero mira que son tardones los indios...una hora metidos en el coche haciendo tiempo para entrar porque no había ni Chus!!! Ahora empiezo a entender muchas cosas...cómo no van a practicar yoga y meditación?!?! está claro que la inventaron para sobrellevar este ritmo frenético no apto para cardíacos, porque de otro modo lo que pasó con Michael Douglas en "Un día de furia" se nos queda corto.

Cuando ya empezamos a ver meneo salimos del coche y fuimos al garito. Como era de esperar...éramos los blanquitos y todo el mundo estaba atento a cada gesto...y los más avezados hasta se acercaban a darnos la mano y preguntarnos el nombre. Hubo una muy graciosa que vino y empezó a hablarme en tamil, a lo que le contesté que ella también era muy maja y que se lo pasara bien.

Hay que decir que la boda era de dos familias humildes, no era el bodorrio al que nos tienen acostumbrados los Callejeros Viajeros, así que la cosa era sencilla...eso sí, no escatimaron en espumillón para el techo y cosas brillantes. Y los invitados como era de esperar: niños y niñas, mayores y jóvenes, todos vestidos para la boda, ellas con saris de todo tipo y ellos...pues algunos elegantes y otros...joder, que había uno con la camiseta de Messi y el pareo ese que se ponen los hombres...otros con pantalón de chándal...vamos, libertad a tope...así que el "fotocol" era de lo más pintoresco. Una cosa me alucinó. Veías a las mujeres con sus saris estupendos, sus flores en el pelo, sus joyas (buenas o no) pero luego....AAARRRRGGGGHHHHH!!!! unas chancletas chungas en los pies con esas uñas que tienen que tener acojonados a los maridos...que lo menos duermen con espinilleras para que no les corten alguna arteria importante!!!

Subimos a ver cómo iba el tema de la comida, pero imposible. Era una estancia enorme, con las mesas puestas en fila como para hacer un examen, y si entrábamos no iba a haber forma humana de salir. Así que nos quedamos fuera, a la fresca, observando el movimiento en la calle.


Y como al día siguiente había que seguir con la rutina, nos fuimos prontito y sin ver los bailables. La verdad que fue divertido ver a la gente, observar y ser observada, las sonrisas que todos nos dedicaban...igual tenemos suerte y nos invitan a otra y cae en fin de semana y entonces podremos hacer una crónica con baile.

lunes, 4 de abril de 2016

Si es que se veía venir...

La última vez que escribía os hablaba sobre lo emocionante que es ir en coche, pero hasta ese mismo día no había visto ningún golpe la verdad. Todos hablamos sobre cómo fluye el tráfico y los pocos golpes que hay para las cabriolas que se ven en carretera. Pues bien, ya he vivido dos golpes. No fueron nada del otro mundo, pero es curioso cómo reacciona la gente. El primero fue con una amiga en su coche. Ella conduce. Lleva ya aquí casi 10 años y la verdad que se desenvuelve estupendamente. También hay que decir que tiene un coche que es casi como un camión, pero la tía va como cualquier chenaitarra de pro. Lo único que no hace es darle a la bocina cada dos por tres. El caso es que estábamos en un cruce y un motorista nos vino por la derecha, pasando por delante de nosotras. Todo apuntaba a que iba a pasar del todo y seguir su camino...pero no, decidió quedarse parado delante de nosotras, y claro, en ese segundo que miras a otro lado para ver si viene alguien...no viene...empiezas a tirar poco a poco...y takatá!! Le rozamos, y digo en serio que fue un roce. Y aquí salió el espíritu teatral en todo su esplendor. El tío tiró la moto al suelo...empezó a hacer aspavientos...y bueno, nosotras diciéndole que se apartara. Pero nada, no tenía ganas. El caso es que mi amiga, que ya sabe cómo va la vaina por aquí, echó marcha atrás y empezó a tirar por otro lado. Yo estaba como en shock...no entendía nada. Y entonces empezaron a llegar hombres, a gritarnos, y uno hasta le pegó al coche. Cuando ya habíamos salido del embrollo me explicó que aquí, a no ser que alguien salga herido, es mejor irse porque la gente se te echa encima, y si encima eres mujer y blanquita peor. A mí la verdad me dejó un poco de mal cuerpo la situación porque no acabé de entenderla del todo, pero como dice aquel: allá donde fueres haz lo que vieres.

El otro golpe no lo viví en primera persona, pero fue algo por el estilo tres coches por delante del nuestro. Fue todo muy parecido, pero en esta ocasión el que le dio a la moto le dio, le tiró al suelo, y yo creo que le fastidió la moto. Había líquido, que imagino sería gasolina, un pedal por el suelo y el hombre tuvo que andar 3 metros parando a los coches para recuperar su sandalia. Pues no te jode que sí, que como no hubo heridos el que le dio el golpe se marchó y aquí paz y después gloria?!?! Y ahí se quedó el hombre con su moto rota y la chancleta en la mano. Pero aquí no hubo escenas teatrales ni ningún viandante golpeando el coche de nadie.

Algún compañero de Mikel que tiene que ir a la fábrica a Mamandur, lo que supone una hora de viaje para ir y para volver todos los días y por carretera no tan simpática, ya nos ha contado que ha visto golpes gordos (espero no tener que ver ninguno) con temarios muy muy serios. 

Así que cuando me preguntan si quiero conducir aquí me entra una risa floja que no veas. Qué necesidad? que diría Virginia.